miércoles, 14 de septiembre de 2016
Deporte Olímpico: la llamarada de tusa. Antorchas.
domingo, 4 de septiembre de 2016
Hacerse el fuerte (Reflexiones sobre los Juegos Olímpicos II)
"Sea fuerte, hágalo por su papito" fue lo que me susurró al oído mientras me daba un medio abrazo. Por mi papito. Claro, pasa que-contra toda lógica-el difunto es siempre mas importante que el doliente.
"No creo que a él le importe ya, viera, lo estamos enterrando. Murió. Murió y ya no siente nada. Pero yo...yo sigo viva. Viva y doliente. Inmensamiente doliente y quisiera llorar. Llorar a mares"-quise responderle.
Pero no: mi papito, claro. Y yo me contuve las lágrimas. Pasa así cuando sabés que estás frente a una batalla que no vale la pena pelear.
Un año ha pasado ya y sigo en las mismas: haciéndome la fuerte.
"Un año de apretar y reprimir, he de tener unos músculos de la gran puta rodeándome el alma"-pensé. Y es que contenerse el llanto requiere de fuerza.
Fuerza en los lagrimales, para que no traicionen.
Fuerza en la garganta, para no dejar escapar un gemido y sostener la voz para que no se quiebre. Fuerza en el tracto digestivo para tragar nudos y digerir la bilis como si fuera nada.
Fuerza en el cuello, para voltear la cara inmediatamente si es que llegamos a sentir las pupilas humedecerse.
Y fuerza en el alma. Fuerza de esa que se gana a pulso y cara a cara con el dolor.
Dolor. Algo así como lo hacen los fisicoculturistas. Hacer músculo a fuerza de angustia y repeticiones. Una y otra vez hasta que deja de doler. Y luego el show: sacarle brillo y hacer gala de la fuerza. Orgullo, arrogancia y luego sonreír. Sonreír para hacerles creer a otros que todo el esfuerzo no ha sido nada. Sonreir para hacer creer a otros que esto fue fácil. Sonreir.
(Continuará)
Ellos son los concursantes de Mister Musculoso, evento de la Federación Nacional de Físicoculturismo. Yo soy la señora que sonríe-burlona- desde la tribuna.
Ellos se hacen los fuertes y sonríen por una medalla. Yo me hago la fuerte por quedar bien y sonreir ( y esto no sé si merece ser premiado).
domingo, 28 de agosto de 2016
Medallas Reflexiones sobre los Juegos Olímpicos (I)
domingo, 22 de mayo de 2016
Del destino: que pase el desgraciado
Supe que la señorita Laura deja la televisión: tragedia mundial. O-por lo menos-en mi mundo. Pero me di el gusto de conocerla en persona. Fue hace algunos años y después de una larga fila en el estadio La Pedrera que logré llegar a mi asiento VIP. Y es que la ocasión lo ameritaba: hay algo de admirable en esta dama-personaje.
Ella es lo mas cercano que conozco a un super héroe. Mas allá de los dramas, los golpes y la novelería, había siempre un carrito sanguchero. Carrito que transportaba a la víctima de un fatídico destino a una vida digna. Una vida en donde se deja de teatros y se hace responsable de sí misma.
Y es que creemos que el destino es una fuerza sobrenatural inevitable e ineludible que dicta todo suceso que enfrentamos. Que nos roba de la santa capacidad de libre albedrío, nos gobierna y mangonea sin piedad.
Pero si el destino es una sucesión inevitable de acontecimientos de la que ningún mortal puede escapar, dónde queda nuestra responsabilidad? No tenemos un decir sobre el rumbo de los hechos y el desenlace de nuestras historias?
Quiero pensar que sí: que somos autores directos. Que la conciencia destrona al destino y da alas a la libertad. Y digo libertad, pues tomar conciencia nos aleja de los moldes establecidos por la cultura y el contexto y nos permite tomar acción. Tomar acción y apropiarnos de nuestra historia.
Estar consciente. Esta no es tarea fácil en esta mugre sociedad que nos invita a reaccionar con miedo. Con sumisión. Con ciega obediencia. Cada vez que desconocemos el poder transformador de la conciencia nos acercamos inexorablemente al lugar de la víctima.
Confieso habérmelo topado varias veces: en un aereopuerto, en un concierto de Pandora y no hace mucho en un McDonalds.
Lo vi justo a los ojos y le dije: no, gracias. Me niego-señor destino-a esta imposición que me plantea. Gracias, pero hoy decido tomar un camino diferente. Me resisto a seguir a la manada y no necesito una razón que me justifique. Solo no, por convicción, gracias.
Platicaba con ella ayer-una de esas tan sinceras charlas imposibles con alguien mas-que a diario doy gracias a la vida por permitirnos-a ella ya mi-ver otras opciones. Y no solo ver, tomar y asumir otras opciones que nos permiten-a los casi cuarenta-ser felices poseedoras de una vida plena. Plena y no como la de todas las demás. Irónico es que ella y yo nos conociéramos en un colegio: un colegio de niñas uniformadas y cuadradas en donde ser diferente era mal visto. Mal visto será, pero hoy es esa la misma fuente de satisfacción: somos diferentes, nos atrevimos. Retamos-ella y yo-al destino que se nos plateó a todas y cada una de las cientos de niñas uniformadas. Nos sabemos sobrevivientes desde entonces.
Y es que desde esa corta edad aprendí que el destino es quien nos lleva a cierta circunstancia, pero soy yo quien decide sobre la misma. Descubro, desenmaraño y aprendo de todas y cada una de las experiencias. Pasó con el uniforme,pasó con la masificación educativa, continúa pasando. Aprendo.
Aprendo y me asumo: diferente,salida, retadora. Y me asumo porque leí (varias veces) el libro ese que dice que "los hombres son dueños de su propio destino. Pueden cometer los mismos errores o, incluso pueden huir de todo lo que desean y de lo que la vida, generosamente, coloca ante ellos". Pero yo-hoy-ya no huyo. Hoy me asumo y no me resigno solamente. Hoy desafío al destino y elijo la libertad.
Si no tenemos fuerza para imponer nuestros propios términos a la vida, debemos aceptar los términos que ella nos ofrece.
Así que, si yo decido, y yo escribo mi historia, y yo me apropio, invito-entonces-al destino a tomarse un trago conmigo, esperando compartamos un par de carcajadas. No le tengo miedo ya, es más: que pase, el desgraciado.
(Continuará)
domingo, 27 de marzo de 2016
Todos somos Judas (Reflexiones de comedor)
Mesa de fórmica. De fórmica y con esos perfectos anillos de agua que destilan los litros bien fríos. Sal, chile y un clavel en la mesa. Viernes de dolores en un comedor de pueblo, la película de Jesús en el canal 3 y el zumbido de un ventilador al fondo. Un litro y sandalias pa' que refresque. La vida siempre sabe amarga.
Veo la película con particular avidez, como quien no se sabe la historia. Espero-ingenua-un final diferente. Tener esa esperanza (la del final feliz) es un reto a nuestra condición humana. Sabemos-cada vez-que las victorias y las derrotas tienen el mismo sabor. Que las sonrisas son insípidas, siempre. La vida es amarga. Amarga y con el ácido y la sal voluntariamente agregada porque es precisamente en el matiz de sabores que está el placer. En el matiz de sabores y en los besos.
Los besos. Tantos hemos dado. Tantos quedan por dar.
Tantos de amor, de pasión, de traición. Y digo de traición pues esos son los mas memorables. Hervimos en culpa sintiendo un incendio en la mejilla cada vez que ese sabor a beso traidor nos empalaga. Beso con olor a lágrima rabiosa que se enciende con la mas leve brisa, y es que la traición es así: ardiente.
Yo te traiciono.
De pensamiento, de palabra, de omisión.
Te traiciono con todo lo que prefiero callar. Con mentiras blancas y mentiras negras que te digo a voluntad. Con todas las veces que te envidio y te deseo el mal en silencio.
Te traiciono con palabras, te traiciono con silencios. Y con besos. Te traiciono con besos ardientes.
Yo me traiciono.
De pensamiento, de palabra, de omisión.
Me traiciono con esos malditos olvidos voluntarios. Con momentos de cobarde prudencia que me permito demasiado seguido.
Me traiciono con indiferencia, me traiciono con ceguera. Y con todo lo que me he negado a sentir. Madre, lo que me he negado a sentir.
Yo te traiciono. Yo me traiciono.
Y luego busco un perdón que me libre de la condena, de la asfixia culposa, del suicidio. Perdón con sabor a beso traicionero que despide amores y mata posibles mañanas.
Y la película de Jesús. Sangre, traiciones y besos. La posibilidad de un final feliz-en este y en todos los demás casos-es tan efímera como el humo que desprenden las tortillas (ya tostadas) en el comal. Cerveza amarga, vida sabor a hiel.
Todos somos Judas.
(Continuará).
sábado, 19 de marzo de 2016
Un domingo cualquiera (mientras se entibia el café)
sábado, 13 de febrero de 2016
Pena de amor (en blanco y negro)
La única vez que vi bailar a mis viejos fue una de Blades. Treinta segundos de abrazo, una vuelta frente a la estufa y al compás de aquella que dice "dime cómo me arranco del alma esta pena de amor". Y cuál otra iba a ser, no?
Pena. Pena de amor. Eso es justamente lo que sentí al verla allí, parada frente a la multitud que asistió al entierro. Verla vestida mitad de negro y mitad de blanco-como sucede con el amor y el odio-dando un discurso de despedida que ni Blades-poeta del pueblo- hubiese logrado. "Él fue siempre mi pareja, mi amor".
Después de veintitantos años divorciados, escuchar que mi madre se refería a él-mi viejo-de esa manera me llegó al alma.
De blanco y negro iba vestida también el día en el que mi papá le dijo: "Tengo una pensión en el IGSS. Cuando me palme, esa mierda se va a perder porque soy soltero. Pero, si te querés casar otra vez conmigo te tocaría a vos".
A mi hermano y a mí-atónitos testigos-nos dió por reir a carcajadas ante tan romántica propuesta. Ella no respondió hasta pasadas un par de cuadras: "De cuánto decís es la pensión?"-sin inmutarse. "Mamá! Ni porque fuera de tres millones de dólares diarios!"-"Si, ya sé, yo chingando estaba"-"Y entonces, no te querés casar conmigo?". Y todos en silencio.
En silencio estábamos también hace unos meses, mi hermano, mi madre y yo -los aún sobrevivientes- en el banco escuchando a la señorita de Atención al Cliente: "...como les dije, para accesar a las cuentas del Sr.Fuentes pueden hacerlo por medio de un poder a nombre de los hijos o de la esposa"-"Era soltero"-"No, no era. Yo soy la esposa"-"Puta! Se volvieron a casar! Madre!"-"Sho" (en calladito mientras mi hermano se agarraba la cara con las manos). No queda otra que reirse. Reirse del susto y del gusto. "Mano,que enfermos!"-"Sho,te dije".
Se habían casado de nuevo. A escondidas, como la primera vez. "...fue hace un par de años y no les dije nada porque se iban a reír de mí. Yo lo quería y a ustedes, qué chingados les importa?"-Los tres nos carcajeamos, inquietando la paz artificial de la agencia bancaria. Ella lo quería. Siempre pude verlo en sus ojos, ojos que refelejan una tristeza indecible desde el día en el que la muerte decidió separar sus vidas. Tristeza indecible que entiendo es "la pena de amor que me dejó tu despedida y que no me deja ya soñar. Y que muerto en vida me va a dejar (ay, dime cómo me arranco pa' siempre el inmenso dolor de esta pena de amor)".
Amor. Amor con sus penas y sus carcajadas. Qué jodidos sabe el IGSS de eso?.
Salí del banco y busqué a Blades en las listas de iTunes. "Pena de Amor", buy now. (Continuará).





